¿Quién era Blasco Ibáñez?

Vicente Blasco Ibáñez fue un escritor valenciano que alcanzó gran relevancia en la España de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sus novelas (La barraca, Cañas y barro, La hordaEntre naranjos, Arroz y tartana, entre otras) se publicaban tanto en España como en gran parte de los países americanos de habla hispana e incluso llegó a ser uno de los autores más leídos en los Estados Unidos, donde fue adaptado al cine de Hollywood en varias ocasiones. Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Sangre y arena, El torrente son algunas de las películas basadas en obras del valenciano y Rodolfo Valentino, Tyrone Power, Anthony Quinn, Greta Garbo y Rita Hayworth algunos de los actores y actrices que interpretaron a sus personajes.

Además de escritor Blasco fue empresario y un político muy popular, un agitador, un líder cuya capacidad oratoria era envidiada por sus adversarios y encendía a las masas, que lo veneraban. Fue, también, un visionario que deseaba cambiar el mundo. Pero sobre todo fue un aventurero que además de escribir novelas quería vivirlas.

Y sin dudas la más extraordinaria de esas aventuras la vivió durante sus años en Argentina, país al que se trasladó en 1910 para fundar dos colonias agrícolas, Cervantes, en la provincia de Río Negro, y Nueva Valencia, en la provincia de Corrientes.

"Ya no soy un novelista, soy un agricultor. No quiero ser más Blasco Ibáñez, quiero ser Gómez", llegó a proclamar en su momento de mayor entusiasmo. 

Admirador de Miguel de Cervantes como era, lo apostó todo a unos emprendimientos quijotescos que, como ocurría con los del inmortal personaje de La Mancha, acabaron en clamorosos fracasos y con Blasco Ibáñez al borde de la ruina económica.

Logró regresar a Europa en 1914 y retomar su carrera literaria con gran éxito, alcanzando una fama y riqueza aún mayores a las que tenía antes de su aventura en Argentina, país al que jamás regresó luego de haber estado tan cerca de perderlo todo. Pero ni olvidó aquella etapa ni renegó de ella. Todo lo contrario, estuvo siempre presente en él y en gran parte de las obras que escribió hasta su muerte.

La pasión argentina

Cansado de la política española, de sus últimos años como diputado en Madrid y de la interna de su partido en Valencia, Blasco Ibáñez decide aceptar un ofrecimiento para dar conferencias en Argentina en 1909.

A su llegada al joven país, que se preparaba para festejar sus primeros cien años, fue recibido como toda una celebridad. Allí dónde iba, lo recibía una multitud, además de las más destacadas autoridades. Incluso el por entonces presidente argentino, José Figueroa Alcorta, lo fue a escuchar en una de sus conferencias en Buenos Aires.

Pasó siete meses recorriendo Argentina y dando charlas. Al término de esa gira escribió y publicó el libro Argentina y sus grandezas. Convencido del potencial del país y del buen futuro que le esperaba, decidió montar dos colonias en 1910. Decenas de familias españolas, en su mayoría valencianas como él, lo siguieron al Nuevo Mundo en busca de un mejor porvenir.

Blasco creyó que era su oportunidad de “hacer las Américas”. Dejó tiempo, esfuerzo y capital económico en tales empresas. Incluso abandonó la literatura en todo ese período. En 1913, ya cuando era evidente que los proyectos se estaban hundiendo, se puso a escribir la novela Los argonautas porque estaba necesitado de dinero.

Llegó a estar al borde de la ruina económica pero supo reconvertir su carrera y su vida. Regresó a Europa en 1914 y retomó su actividad literaria con gran éxito, alcanzando una fama y riqueza aún mayores a las que tenía antes de su aventura en Argentina, país al que jamás regresó luego de haber estado tan cerca de perderlo todo. Pero ni olvidó aquella etapa ni renegó de ella. Todo lo contrario, estuvo siempre presente en él y en gran parte de las obras que escribió hasta el momento de su muerte en Menton, Francia, el 28 de enero de 1928.