Una paella... a 14 mil km de Valencia

Cuando se habla de gastronomía argentina es inevitable referirse al asado. Tirar carne sobre una parrilla es una costumbre que se repite a lo largo y ancho del país. Y la ciudad de Corrientes no es la excepción. Pero la capital correntina cuenta con otro plato típico que, si bien no le discute el dominio a la carne vacuna cocinada a las brasas, sí que es muy popular: el arroz con pollo, que no es otra cosa que la adaptación local de la mundialmente famosa paella valenciana.

¿Cómo es posible que un plato tan español, nacido a orillas del mar Mediterráneo, haya acabado siendo plato característico de una región de clima subtropical, surcada por ríos y lagunas y que tiene el mar a más de mil kilómetros de distancia? Sí, la sospecha es acertada: la “culpa” la tienen Blasco Ibáñez y los valencianos de la colonia, aunque son  pocos, muy pocos, los correntinos que lo saben.

Si es válido decir que donde hay argentinos, hay asado, lo mismo puede decirse de los valencianos y la paella. Los que se instalaron con Blasco Ibáñez en Nueva Valencia, a pocos kilómetros de la ciudad, llevaron consigo mismos su valencianidad y en ella no hay dudas del lugar destacado que ocupa la paella. Una vez concluida de mala manera la aventura agrícola de Blasco muchos de esos valencianos se afincaron definitivamente en Corrientes. Y con ellos se quedó la paella aunque con el nombre cambiado por el de arroz con pollo, que incluye algunas variaciones en los ingredientes y maneras de preparación.

Y es aquí cuando entramos en un asunto polémico. Un valenciano no aceptaría jamás llamar paella al arroz con pollo, por mucho que Blasco Ibáñez y un centenar de coterráneos sean los responsables de su existencia ni por mucho que se cocine en el mismo recipiente (llamado paella por los valencianos, y paellera por los correntinos) y se use colorante alimentario o azafrán para darle el característico color amarillo a los granos de arroz. Un valenciano llamaría arroz con cosas a un plato como el correntino que, en su adaptación, le añadió pimientos rojos y hasta guisantes.  

Tal vez sea ésta la razón por la cual el plato haya sobrevivido con su nombre de arroz con pollo y no con el de paella. Tal vez Blasco y sus colonos ya eran así de puntillosos y no querían confundir un “arroz con cosas” con una auténtica paella valenciana, confusión que todavía en la actualidad altera a los valencianos en general, tan cuidadosos de su tesoro culinario. Los hay que son auténticos talibanes de la paella. Para tener una idea de lo que estamos hablando, no hay más que echar una mirada a la wikipaella, una web colaborativa creada con el objetivo de buscar un equilibrio “entre lo que se cree que es y lo que realmente es” una paella. Aunque, aclaran, “no hay una única paella, sino tantas como recetas heredadas de nuestros mayores”.

Justamente de sus mayores heredaron la forma de hacer paella los de Casa Nadal, un restaurante de comidas típicas valencianas regentado por los Nadal (el hijo mayor en la foto mientras prueba la paella), descendientes de colonos de Nueva Valencia. Allí, mientras preparaban una, nos fueron contando recuerdos y anécdotas familiares al tiempo que nos hablaban del cariño que sienten por la tierra de sus antepasados y de las costumbres valencianas que, aún con el paso de los años, han sabido mantener.